Amo tu culo. Amo como reaccionas cuando lo beso, lo lamo o muerdo. Amo como tu ano se contrae cuando paso mi lengua por él. Cómo con tus manos tomas tus nalgas y las abres para que pueda lamerte más profundamente.
Amo tus labios húmedos. Amo que se mojen porque te he hablado con esa voz que te enloquece. Que te enchina la piel. Y que uso a propósito porque sé cómo te pone. Así que cuando te penetro con la lengua, tiemblas, gimes, me llamas amor, me llamas papi. Y muevo la lengua cada vez más rápido y escucho cómo apenas puedes decirme que no pare. A un volumen casi al nivel del silencio para todo el universo, pero que es estridente para mí. Y no paro. Y explotas en mi rostro, y mojas mi rostro, y me despego y froto la punta de mi verga contra tu clítoris y todo, y nos bañas, y tu rostro es uno que no veo en ningún otro momento.
Amo el ruido que haces cuando te penetro. Cómo respiras. Cómo suspiras. Como empezamos lento, despacio, creando más humedad. Y el frenesí nos alcanza. Y mi lengua toca la tuya en un beso sucio, delicioso, maravilloso. Y te doy más duro, y te pregunto de quién eres, y gritas, tuya, soy tuya.
Amo como me pegas en el pecho y me pides que me recueste. Me montas y me acercas una de tus tetas y le muerdo el pezón, y me la como toda. Y gimes. Y me dices que me amas mientras muevas tus caderas. Y siento como las paredes de tu vagina me aprietan todo porque la tengo tan hinchada, tan gruesa, porque así la pones, porque es tuya, y yo soy tuyo, mi verga, mis caderas, mis hoyuelos, mis ojos, mi culo, todo. Y te recuesto sobre mi pecho y llevo el ritmo yo. Y vamos más rápido, y te digo que me vengo, y me respondes que te quite, y lo hago justo en el momento en el que exploto y termino batido con mi semen y tu flujo en mi vientre.
Amo como te acercas a mí, me sonríes, y me besas en los labios.
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